miércoles, 17 de julio de 2013

Örom - 8 (2006)

Hay veces que me pregunto que haría sin música. Veces en las que me pregunto si se acabarán los acordes algún día. Si se acabará la magia, las cosas nuevas de nuestra más vieja compañera. Nuestra más veterana novia. Veces en las que algo me sorprende tanto, que no sé si será posible que vuelva a ocurrirme algo parecido. Y está mujer a la que tanta amo, siempre vuelve con algo nuevo para dejar mi alma en sollozos de emoción.
Este álbum, es de esas joyas que no deberían caer en el olvido. Esos diamantes de culto que caen en manos de unos pocos afortunados, Y que el negocio hace olvidar. Es de esas esmeraldas que haría falta llevar a cuestas para recordar al mundo que existen.
Öröm, es una desconocidísima banda de Doom Metal procedente de Hungría, un país para nada recordado. Y su música, es sencillamente mágica. Sencillamente increíble. Un Doom Metal suave i tan profundo que apenas parece Doom. Suavemente mezclado con acordes acústicos Y folk, Y una susurrante voz, este único disco de estudio de Öröm se ha llevado el titulo como el álbum más mágico que he encontrado nunca. No intentes buscar una pronunciación al titulo del album, a menos que sepas húngaro.
Me parece muy complicado hacer un análisis de este álbum. Con una duración de 1 hora y 10 minutos distribuidos en 9 canciones, es a priori un álbum muy denso, pero muy sencillo de escuchar. Tan sencillo, que su mejor arma podría haber sido su verdugo. Las canciones tienen una duración de entre 5 y 11 minutos, y todas ellas mantienen acordes, secciones rítmicas y letras muy parecidas. Tan parecidas, que al minuto ya has escuchado prácticamente tres cuartos del contenido de la canción.
Dicho así suena muy ridículo, ya que parece la definición de un álbum repetitivo y malo. Nada más lejos de la realidad. Ahí reside toda su magia. Sino, que se lo digan a AC/DC.
Todos los acordes, aunque repetitivos, no son para nada cansinos. Todas las canciones pasan francamente ligeras, y sin hacerse nunca pesadas. A los 7 minutos  de canción te percatas de que apenas ha habido cambios de tonos o de acordes. Y aún así, no te dan ganas de apagar el reproductor. Esas canciones con magia propia que nunca tienen un punto donde puedes quitar el reproductor. Si lo quitas, se va todo, y a la vez, te sientes estúpido por ello.
Y sé de lo que hablo. Por experiencia propia. Una noche, compartí mi cama con una chica poco ligada al mundo interior del metal. Esa chica prácticamente en su vida había escuchado ningún álbum de metal denso. Esa noche, mientras nos acurrucamos, le puse este CD. Incluso ella admitió y enmudeció reconociendo que realmente, esa era una música realmente especial.
No es que esto venga a nada, pero que es una crítica sin buscar un poco de complicidad con el lector?
Con todas las letras cantadas en húngaro nativo, el álbum se divide en 9 cortes:
Vágyódás funciona como introducción. Con la lluvia a la lejos, y la susurrante voz del vocalista, Öröm empieza a hablarnos. No entendemos nada. Pero ese silencioso piano, el ruido del viento y el de la lluvia, nos hacen callar.
Los acordes de Csöndben empiezan a sonar y tu solo puedes escuchar. Con 9 minutos de duración, considero que es la canción más preciosa del disco. Nuestra imaginación nos traslada lentamente en un bosque de luz tenue, y escuchamos el ruido de las ramas secas bajo nuestros pies. Andamos sin rumbo, sin prisa.
Sírok Között nos sigue acompañando durante 11 minutos más. Sin muchas diferencias con la anterior canción, pero sorprendentemente diferente. Al final, escuchamos el ruido de una pala y de la tierra sacada de un hoyo. Como si visualizáramos un entierro en los lindes de un bosque sin viento.
Levél entra muy discretamente, siendo el tema más corto del disco, y sus flautas y instrumentos de cuerda se nos clavan sin dolor en el corazón. Quizás como sonido a un entierro al que no hemos asistido voluntariamente.
Hangok nos aleja de este entierro. En la misma onda que Csöndben, nos adentramos de nuevo en un silencioso bosque. Esos bosques medio oscuros, que no son lugar para aves, para flores o para colores; que sin saber como, acarician i tranquilizan tus sentidos. La voz, de la que tenéis que buscar explícitamente la traducción, sigue susurrándonos al oído.
Egyszer nos lleva a una explanada. Un tranquilo lugar donde aparecen unos madrugadores pájaros cantores. Una guitarra acústica y lo que parece ser una flauta, les saludan. Y seguimos caminando lentamente, mientras unos tambores sacuden el aire.
Mélyen Legbelül cambia bastante descaradamente si lo comparamos con el resto del disco. A pesar de que el cambio es muy sutil, la canción coge un aire folk mucho más medieval, que durante otros 10 minutos, nos dejan tranquilidad para sumirnos en nuestros pensamientos.
..., un nombre que viene que ni pintado. Otro inicio acústico nos acerca al final del disco; al final de este solitario paseo. El bosque suena. La voz nos habla. Volvemos a escuchar unas tímidas palas, cada vez más cerca. El viento muerto acaricia nuestra cara. El sonido final parece que nos ha llevado un viejo puente chirriante.
Beteljesedés es el final de nuestro camino. El que conocemos o imaginamos, al menos. Un suave piano y un misterioso instrumento de cuerda dejan que nuestros pasos se pierdan, que nuestra mente desaparezca. Öröm, parece habernos abandonado en el sitio donde no corre la vida. Donde no importa.
Hay álbumes que son para escuchar y analizar; y otros solo para disfrutar.
8, es un magnifico álbum cargado de matices y emociones. Un álbum que no deja indiferente. Unas canciones que acarician tus emociones.
Öröm, es pura magia.


Por: Adri Huguet Torrens

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